lunes, 15 de octubre de 2012

LENGUAJE CIENTIFICO


DEFINICIÓN
Una misma lengua no se emplea siempre igual. Hay circunstancias que hacen que aparezcan rasgos especiales, siendo la misma lengua. Cuando esas peculiaridades están motivadas por el tema del que se trata, hablamos de lenguajes especiales (lenguaje humanístico, lenguaje técnico, etcétera). Cada área del saber exige expresiones y rasgos de estilo propios. Una de las áreas de saber que exige utilizar el lenguaje con particularidades especiales es la ciencia, en general, si bien cada rama científica tiene sus particularidades (Biología, Medicina, Tecnología, Matemáticas, Lingüística, etcétera). A pesar de esas diferencias particulares, hay unas características generales de uso del lenguaje en textos científico-técnicos.
Cuando un científico o un técnico hablan o escribe sobre su área de conocimiento no usa una lengua distinta de la que emplea cuando habla de asuntos cotidianos. La diferencia está en que, al expresarse en el modo propio de su ciencia o su técnica, utiliza, entre otras cosas, términos específicos de la materia de la que habla y, también, con frecuencia, términos de la lengua ordinaria con un sentido especial cuyos significados vienen exigidos por la materia tratada. El rasgo léxico especial de los textos científicos y técnicos, en tanto que tales, es la terminología (= palabras de significado propio de una rama del saber).
ART. 1
El término de trayectoria se refiere, en el ámbito de la educación y del mercado laboral, a las distintas etapas que vive el individuo después de finalizar su formación en una determinada profesión o al insertarse en una actividad laboral u oficio, en cuanto a lo profesional, laboral, económico y social. Buontempo (2000) señala que la vida de los individuos transcurre en el tiempo histórico y en el espacio social, como un trayecto con una sucesión de posiciones sociales que implican cierta reconversión /reproducción de su capital patrimonial.
En particular, las trayectorias laborales permiten conocer a través de los actores, la forma en que se construyen las actividades específicas que éstos realizan, la ubicación física de la ocupación, el papel de las instituciones, las redes institucionales, los tipos de empleo, el destino que se le da a los ingresos; así como la forma en que los sujetos se apoyan en el capital social y cultural, y en las instituciones que le proporcionan soporte al proceso de ingreso al mercado de trabajo.
Vargas (2000) describe la trayectoria como la “sucesión de actividades de desarrollo que implican una educación formal e informal, una formación y una experiencia laboral idóneas que conducen al individuo a puestos de mayor jerarquía” (p. 3). Este concepto se complementa con lo expresado por Boado (1996) sobre la forma en que la reconstrucción de las trayectorias permite recuperar el bagaje de saberes, habilidades y destrezas adquiridas por el egresado o trabajador en el desarrollo de su vida profesional. Vargas (2000) incluye la noción grado de libertad para señalar la disposición secuencial con la que se realizan los movimientos de una carrera laboral, entendida esta como la historia laboral que es común a una porción de la fuerza de trabajo y a una estructura de mercado dentro de la cual se desarrollan las vidas laborales de los egresados.

ART. 2
Los sociólogos caracterizan las sociedades posmodernas actuales desde distintas perspectivas, como la sociedad red o informacional (Castells, 1997), la sociedad del riesgo (Beck, 1998) o el tercer entorno (digital) de Echeverría (1999), que constituyen nuevas formas sociales, expectativas personales, cualificaciones profesionales y estructuras de empleo. El mercado de trabajo se caracteriza por el desempleo, la desregulación y la precarización laboral, rasgos que afectan a las actitudes de los jóvenes frente al trabajo futuro.
La juventud en las sociedades posmodernas rompe con la cultura y la tradición de las sociedades agrarias e industriales, al adoptar una liberación pragmática de las normas y una concentración sobre sí mismos en la construcción de la individualidad. Esto da lugar a calificaciones de narcisismo e individualismo, pues aprovecha los nuevos instrumentos y situaciones de la sociedad del bienestar, el grupo de iguales, la educación, la comunicación y la movilidad (Giddens, 2001; Schreiner y Sjoberg, 2004).
En este complejo y cambiante contexto social, la inserción laboral de los jóvenes es una cuestión actual y una de las preocupaciones de los universitarios; al mismo tiempo, sus expectativas están condicionadas por los estudios elegidos (BANCAJA, 2004). Los estudiantes de ciencias experimentales (física, química, biología, geología, etc.) son los más preocupados por la inserción, y sus expectativas se centran en la investigación. Los de ciencias de la salud son los menos preocupados y sus expectativas se dirigen hacia el trabajo autónomo o la administración. Los de carreras técnicas se orientan, preferentemente, a buscar trabajo en empresas privadas (Fundación BBVA, 2005).

ART. 3
Los estudios acerca de expectativas y decisiones sobre educación no han ocupado un lugar central en la investigación social en Iberoamérica. Sin embargo, se han desarrollado diversas propuestas para explicar el proceso de toma de decisiones y el papel que las expectativas juegan en él. Wright (2005) clasifica los modelos de toma de decisiones en tres tipos. Los primeros, denominadosModelos de racionalidad económica/instrumental, son los que la consideran como un proceso de obtención de evidencia y balance de costos y beneficios de un curso de acción posible, como lo hacen los teóricos del capital humano. El segundo grupo es el de los modelos estructuralistas, los cuales consideran las decisiones como el resultado de fuerzas exteriores, como identidad de género, antecedentes de clase, pertenencia étnica, influencia de otros individuos (padres, maestros), instituciones donde se estudió y condiciones económicas (como oportunidades laborales). Este segundo tipo de modelos enfatizan el papel de factores emocionales, preconcepciones y suposiciones (derivados de las fuerzas externas enunciadas antes), como elementos en la toma de decisiones. El tercer grupo es el de los modelos híbridos, los cuales son los más comunes en la investigación actual. En ellos se intenta articular el papel de las fuerzas externas con la identidad individual y con el sujeto como agente.
Este trabajo se efectuó de acuerdo con la última de tales posturas, pues se asume que las características de las personas, debido a su posición social, se relacionan con las peculiaridades de sus análisis racionales. Las personas tienen expectativas cuando deciden sobre su vida escolar; sin embargo, en distintos estratos sociales se consideran diversos aspectos al tomar las decisiones y las expectativas tienen diferentes grados de racionalidad. La posición que las personas ocupan en la sociedad las lleva a tener diversas perspectivas, distintos valores, habilidades sociales y acceso a la información, así como diferentes capacidades para interpretarla.
FUENTE DE INVESTIGACION

ART. 4
El interés por la educación superior en Europa se ha ido construyendo lentamente, en paralelo con el desarrollo de la Unión Europea (UE). No ha surgido sólo como consecuencia de las disposiciones político-jurídicas que han instado a la construcción de un espacio europeo conjunto; ha sido más bien el fruto maduro de una vieja idea: la necesidad de avanzar hacia una asociación entre las naciones y potenciar así los intereses económicos, culturales y sociales comunes. Dado el éxito cosechado por esta asociación, a pesar de todas las dificultades y limitaciones que ha habido y hay, se ha ido también extendiendo la esperanza de que ayudará a resolver los problemas ya crónicos de la universidad europea.
La UE empezó su historia con el Tratado de Roma en 1957, pero no fue sino hasta 1963 cuando se tomaron las primeras decisiones educativas comunes entre los Estados miembros, centradas, sobre todo, en el carácter de la formación profesional, la educación superior o la investigación. Estas decisiones no tuvieron, sin embargo, un carácter vinculante. Por fin, a partir de 1971,2 y de forma gradual, se abrió paso una decidida voluntad de cooperación en materia educativa.
La Comunidad era fundamentalmente económica, pero la educación, aunque sólo fuera por su importancia en la creación de capital humano, comenzó a tener un tratamiento comunitario preferencial. La evidente relación de la educación con el mundo laboral, especialmente la universitaria y la formación profesional, justificaba, hasta cierto punto, la intervención de la Comunidad en este campo. Siguiendo esta dirección, la Unión llegó en 1992, con el Tratado de Maastrich,3 a un compromiso por una educación de calidad, el cual se ha mantenido en la Constitución Europea con el reconocimiento tácito del papel fundamental de la educación para la formación de la persona, y para el desarrollo social y político de la ciudadanía, más allá de sus implicaciones económicas.




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